domingo, 18 de febrero de 2018



“Los hombres tienen tanto que desaprender”.
La frase no es mía, la leí aquí, en Facebook. Me disculpo por no recordar la autoría. Esta frase, para mí, es una de las claves para erradicar el machismo, lo que tenemos que desaprender los hombres. Sin embargo, se queda coja. La frase debería abarcarnos a todos, hombres y mujeres. Todos tenemos tanto que desaprender…
Como, por ejemplo, la hermana de Ana Botella que, desde su cargo público en Córdoba, ha dicho que la brecha laboral entre hombres y mujeres no se debe al machismo sino a una preparación menor de la mujer. En concreto, ha dicho a la falta de preparación de las mujeres.
¿Veis? Ahí tenéis a una mujer que tiene muchas cosas que desaprender (prácticamente todo) que, para colmo, desde su posición ha lanzado una puñalada trapera al resto de las mujeres, no por falta de solidaridad, no, sino porque es falso, porque miente. Al escucharla, estaba escuchando a todo el lobby machista y católico que tanto se resiste a que se derrumbe su sistema patriarcal. Al escucharla, estaba viendo esa educación rancia, retrógrada y clasista arraigada en sus esquemas mentales y sociales,  supurándole  por cada poro de su piel. Al escucharla, simplemente,  me entraron ganas de vomitar.

domingo, 11 de febrero de 2018



Cuando suceden cosas como lo de la portavoza creo, sinceramente, que es el feminismo el que sale perdiendo y, por tanto, todos. Pierde porque se ridiculiza, nos ridiculiza. Siento que se ríen de quienes luchamos por la igualdad. Son tantos los frentes abiertos…No entiendo por qué abrir uno más. El debate es siempre necesario, pero es que “voz” en castellano es femenino. No existe el voz. Si le añades una a, aunque tú intención sea buena, haces el ridículo. No avanzas, no construyes. Llamas la atención, sí, pero para que se rían de ti. Además, en muchas palabras solo basta el artículo para aportar el género, como es el caso de esta palabra compuesta, portavoz. ¿De verdad que todo esto es necesario? Ayer, con lo de portavoza, el machismo se apuntó un tanto. Y a mí no me hace ni pizca de gracia.

miércoles, 7 de febrero de 2018





La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos.
¿Sabéis de cuándo es esta frase?
Pues es de 1791.
¿Sabéis quién la dijo?
Esta pregunta es más fácil pues supongo que no se os habrá ocurrido pensar que la dijo un hombre.
En efecto, la dijo una mujer. La escribió una mujer.
Olympe de Gouges, francesa ella.
Veréis, es que los revolucionarios franceses de 1789 redactaron una declaración muy chula de derechos del hombre y del ciudadano, así en masculino. Se despistaron y no se dieron cuenta de que la otra mitad de Francia estaba poblada por mujeres. Pero debió de ser contagioso porque a los revolucionarios de Estados Unidos les había pasado lo mismo con su declaración de derechos y, no solo se olvidaron de las mujeres, sino que también, debe de ser que no cayeron en la cuenta, así, sin mala intención, de que también había nativos y negros esclavos en aquellas tierras. Un despiste lo tiene cualquiera.
Pues menos mal que estaba Olympe de Gougues para avisarles el despiste y redactar ella misma una declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana, que si no, imaginaos cómo hubieran sido de machistas los siguientes siglos.
En efecto, los revolucionarios franceses se pasaron por donde ya os imagináis el documento de Olympe, y el propio Robespierre se encargó de que la olvidáramos pronto al ejecutarla en la guillotina por su defensa de los Girondinos y haberse opuesto a la condena de muerte de Luis XVI.
Ay, estos revolucionarios que luchan por la libertad de los pueblos. Que tiquis miquis que eran, de verdad.
Olympe fue, además, dramaturga, filósofa y firme defensora de la abolición de la esclavitud, lo que le valió un buen número de enemigos  entre los nobles franceses que se forraban con el trabajo esclavo en sus plantaciones coloniales.
La declaración que escribió de los derechos de la mujer empezaba con la siguiente frase:
Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta.

sábado, 3 de febrero de 2018



La Fórmula uno ha decidido prescindir de las azafatas. Es un gesto que llega tarde pero que se agradece pues era uno de los grandes escaparates de la cosificación de la mujer: coches de carreras, pilotos y chicas guapas con ropa ajustada. El neandertal medio relacionaba  (y relaciona) que con el éxito viene incluido un harén particular. La mujer no es más que un premio. Siempre me he preguntado por qué hay mujeres que acceden a este tipo de trabajos, pues es evidente que nadie les obliga, ya que la cosificación salta a la vista. Si luchamos por la igualdad hemos de ser coherentes todos, no solo los hombres, también las mujeres.
Pues bien, la respuesta es la de siempre, la educación. Si los hombres hemos crecido en una sociedad machista, las mujeres también, viendo desde niñas como única referencia en el deporte a una chica guapa con ropa corta y ajustada dándole un beso al hombre ganador. ¿Ambos han recibido a lo largo de su existencia una educación basada en la igualdad y el respeto? Ayer vi en televisión las reacciones a esta decisión de la fórmula uno. Los hombres a los que entrevistaron, algunos pilotos, no lo entendían, pero es que las mujeres a las que entrevistaron, algunas azafatas, tampoco lo entendían. Argumentaban que es un trabajo como otro cualquiera y que no tiene nada de malo.
Lo dicho, esta lucha es de todos.