jueves, 17 de mayo de 2018

AMOR DE HIJO (relato)


Amor de hijo (relato)

Veinte años de duro trabajo habían dado sus frutos. Ángel había dedicado dos décadas de su vida en verter toda su formación y conocimientos en aquella máquina que viajaba en el tiempo.
Siempre lo tuvo claro, desde el primer momento, desde que quedara solo tras el brutal  asesinato de su madre. Veinte años sin relacionarse, sin vida social. Solo. Trabajando en su invento.
Hizo un solo viaje en su máquina del tiempo. Con uno era suficiente. Retrocedió a los años sesenta, encontró a su madre, veinteañera en aquel tiempo y gastó todo su ingenio  en convencerla de que no se casara con ese joven agradable del que tanto se había enamorado.
Cuando, tras varias semanas,  logró convencerla,  Ángel buscó su reflejo en el escaparate de una tienda. Allí, esperó pacientemente a que su imagen se desvaneciera. Desapareció de la existencia sonriendo con la certeza de haber contribuido a la felicidad de la que hubiera sido su madre.

sábado, 12 de mayo de 2018

Muy feliz con la entrevista que me han hecho en Sincronía. org
Muchas gracias, Manuel López. Detallazo.
Por si me queréis conocer un poco más.
http://www.sincronia.org/voces/carlos-roncero/

domingo, 6 de mayo de 2018


Leticia salió a pasear, como cada tarde, por los alrededores de su pueblo. No regresó. Un hijo de puta intentó violarla, ella se resistió y acabó asesinada a golpe de piedras. Si no se hubiera resistido, es probable que siguiese viva pero tengo la certeza de que ese miserable no hubiera sido condenado como agresor sexual, no hubiera sido condenado por violación. La certeza me la da la ley, nuestra ley, nuestro código penal, que hace la distinción entre abuso y agresión sexual. Una ley hecha por personas, hombres y mujeres, con estudios y cultura pero que, en algún momento perdieron el sentido común, el contacto con la realidad, el fin de su cometido, que es proteger a la víctima, proteger a la sociedad. Con esa ley, la audiencia de Barcelona ha condenado a un hombre por abuso sexual porque durante la penetración no consentida (ahora que está condenado no puedo decir violación) la víctima, menor de edad, no opuso resistencia al estar en estado de shock.
Ahora, un montón de hombres y mujeres con estudios van a discutir sobre lo obvio. Así como nadie se imagina una comisión de científicos discutiendo si las naranjas salen de los naranjeros, un grupo de juristas van a debatir sobre si una penetración no consentida es o no es una violación.




lunes, 30 de abril de 2018


Leo porque me encanta.
Leo porque crecí viendo a mis padres leer.
Leo porque cada día de Reyes mi biblioteca aumentaba sin yo pedirlo.
Leo porque me encanta el olor de los libros.
Leo porque leyendo accedo a un mundo mejor en cuya entrada pone librería.
Leo porque pocas vivencias son tan grandes como sentir que es el libro el que te elige a ti y no tú al libro.
Leo porque me encanta amanecer leyendo.
Leo porque solo tengo una vida que no me llega para leer todo lo que quiero.
Leo porque tengo el cine en las venas.
Leo porque tuve el mejor profesor de historia que se pueda imaginar.
Leo porque sueño.
Leo porque viajo.
Leo porque las lecturas obligatorias de mis etapas educativas no pudieron conmigo.
Leo porque me gusta llevar la contraria a los que no leen.
Leo porque me gusta pensar que es contagioso.
Leo porque leer es vivir, o al revés.
Leo porque, a pesar de todo, leo.

domingo, 22 de abril de 2018


Advierto que en este texto hago un pequeño spoiler sobre mi novela “Clara dice”.
Recientemente hablé a alumnos de tercero de ESO en mi centro sobre mi novela “Clara dice”. Les emociona enormemente que su profesor sea el autor de un libro que han devorado, porque les encanta, y esperan ansiosos el día de esa charla. Llevo ya varios años viviendo esta experiencia maravillosa. Compartir con ellos mis vivencias como escritor y cómo se me ocurrió la novela. Entrar en clase y ver en las mesas mi libro es una vivencia que, como escritor, aprecio muchísimo. Es como verlo en los escaparates de las librerías.
En estas charlas siempre hay una pregunta que no falta: ¿Vas a hacer una segunda parte de Clara dice? Yo les pregunto que por qué iba a hacer algo así y me contestan  que hay un malo al que no han cogido y quieren saber qué pasa.
Primero les digo que usen su imaginación y después les explico que dejé el final abierto con toda la intención del mundo. Si cierro el final y todo es felicidad el lector se quedará tranquilo y no se hará preguntas; pero si dejo el final abierto con un halo de desconcierto o incertidumbre entonces sí que se harán preguntas. No se quedan muy satisfechos pero supongo que eso les obligará a pensar sobre el tema que trata el libro que son, en definitiva,  los peligros con los que te puedas encontrar en la red.
En junio estaré en Bilbao con chavales de la ESO hablando del libro. Estoy seguro de que esa pregunta aparecerá.

miércoles, 18 de abril de 2018


Se nos educa para competir; se nos educa para ganar. Desde que entramos en el sistema educativo, desde que entramos en cualquier categoría deportiva, desde que entramos en cualquier disciplina artística, desde que entramos en el mundo laboral. Ganar, ser el mejor, destacar. No aparece mucho la palabra compartir, cooperar o solidarizarse.
No es nada nuevo, pero nunca deja de sorprenderme, como lo que sucedió este fin de semana en los juegos de la Commonwealth. Durante la maratón, el atleta que lo lideraba perdió las fuerzas y se desvaneció; intentó levantarse pero no lo consiguió, incluso se golpeó severamente contra la valla y quedó tendido en el suelo, exhausto.
Aquí no hay una historia de superación. El atleta no logró levantarse.
Aquí hay una historia de vergüenza y de miseria humana. Nadie le ayuda, ni los motoristas de la organización, ni los aficionados que se apoyan en la valla y que prefieren grabarle en video o sacarle fotos antes que preocuparse por él.
Cuando llega el atleta que iba segundo tampoco se para, ni le mira, le ignora, ganando así la prueba.
Hay que ganar, hay que llegar el primero, hay que destacar, hay que ser mejor que nadie. Siempre recto, sin desviar la mirada de nuestro objetivo.
Es lo que hemos mamado desde niños.
Es la base del sistema.
Es la base de la competitividad.
Es la base del egoísmo.
Es la base de todas las guerras.

sábado, 14 de abril de 2018

Cuando somos niños un lápiz no es solo un lápiz, la mayoría de las veces es un avión. Luego, llega el momento inevitable en que el lápiz empieza a dejar de ser un avón En ese momeno se forman dos grupos: aquellos para los que el lápiz ya solo será un lápiz, y aquellos para los que el lápiz compartiá su función con la de seguir siendo un avión. Este segundo grupo mola. Yo pertenezco este segundo grupo y espero seguir perteneciendo el resto de mi vida.