miércoles, 18 de abril de 2018


Se nos educa para competir; se nos educa para ganar. Desde que entramos en el sistema educativo, desde que entramos en cualquier categoría deportiva, desde que entramos en cualquier disciplina artística, desde que entramos en el mundo laboral. Ganar, ser el mejor, destacar. No aparece mucho la palabra compartir, cooperar o solidarizarse.
No es nada nuevo, pero nunca deja de sorprenderme, como lo que sucedió este fin de semana en los juegos de la Commonwealth. Durante la maratón, el atleta que lo lideraba perdió las fuerzas y se desvaneció; intentó levantarse pero no lo consiguió, incluso se golpeó severamente contra la valla y quedó tendido en el suelo, exhausto.
Aquí no hay una historia de superación. El atleta no logró levantarse.
Aquí hay una historia de vergüenza y de miseria humana. Nadie le ayuda, ni los motoristas de la organización, ni los aficionados que se apoyan en la valla y que prefieren grabarle en video o sacarle fotos antes que preocuparse por él.
Cuando llega el atleta que iba segundo tampoco se para, ni le mira, le ignora, ganando así la prueba.
Hay que ganar, hay que llegar el primero, hay que destacar, hay que ser mejor que nadie. Siempre recto, sin desviar la mirada de nuestro objetivo.
Es lo que hemos mamado desde niños.
Es la base del sistema.
Es la base de la competitividad.
Es la base del egoísmo.
Es la base de todas las guerras.

sábado, 14 de abril de 2018

Cuando somos niños un lápiz no es solo un lápiz, la mayoría de las veces es un avión. Luego, llega el momento inevitable en que el lápiz empieza a dejar de ser un avón En ese momeno se forman dos grupos: aquellos para los que el lápiz ya solo será un lápiz, y aquellos para los que el lápiz compartiá su función con la de seguir siendo un avión. Este segundo grupo mola. Yo pertenezco este segundo grupo y espero seguir perteneciendo el resto de mi vida.

sábado, 7 de abril de 2018


Generalmente, a principios de curso, le dedico un par de días a explicar a los alumnos cómo funciona, groso modo,  un Estado de Derecho. Se quedan alucinados, con la boca abierta y ojipláticos, cuando les digo que para ser diputado o presidente del gobierno no hace falta ningún título, ni que tengas estudios. La gente que decide por nosotros y legisla no tiene por qué tener estudios. Está claro que la mayoría los tiene, pero no es un requisito imprescindible. No se lo creen y piensan que les tomo el pelo. Les digo que algo así es coherente con la democracia, en la que cabemos todos, sin discriminación por falta de estudios.
El curso que viene tengo que añadir a mi explicación que no deben preocuparse, que ahora hay universidades que regalan títulos a los políticos.

miércoles, 4 de abril de 2018


Llevan al abuelo a urgencias aquejado de lo que sea que parezca urgente. Lo atienden, lo ingresan y apenas van a verlo hasta que, simplemente, desaparecen. Es dado de alta pero nadie le viene a buscar. Llaman, nadie responde. El abuelo se queda en el hospital a la espera de que puedan encontrarle algún asilo. No es fácil, debido al envejecimiento de la población y a los recortes de este gobierno en gastos sociales, encontrar plaza. El abuelo se queda en el hospital, viendo cómo va y viene la gente, viendo cómo se curan o cómo se mueren. Los suyos, su sangre, lo han abandonado. El hospital prueba denunciar, pero el delito de abandono no está claramente tipificado en estos casos. Además, el paciente es mayor de edad y se vale por sí mismo. Mientras, los suyos logran quedarse con su pensión o con sus propiedades si las tuviera.
No es una novela deprimente.
Es la realidad. Deprimente.
Sucede en España.
No es un caso.
Son muchos.
Dicen que las crisis estimulan a los emprendedores. También vemos que son épocas para que los cuervos te saquen los ojos.

viernes, 30 de marzo de 2018


Cuántas vidas fascinantes desconocemos por culpa de nuestros propios complejos.
Esa maraña de debilidades, envidias y brutalidades que da forma al machismo.
Elizabeth Bisland y Nelly Bly fueron las pioneras del reportaje periodístico en Estados Unidos.
Protagonizaron una rivalidad propia de la mejor de las novelas al competir al mismo tiempo contra los 80 días de Phileas Fogg. En efecto, ambas, apoyadas por magnates de la prensa, se propusieron en 1889 dar la vuelta al mundo en menos de 80 días. Una carrera apasionante no exenta de cientos de anécdotas que ambas recogieron en sus diarios de viaje. Ganó Nelly Bly, aunque es probable que su magnate, Pulitzer, provocase un pequeño malentendido en Inglaterra haciendo creer a Bisland que su barco ya había zarpado y obligándola así a tomar uno mucho más lento. Lo dicho, de novela.
Bly tardó 72 días. Bisland 76. Ambas habían recortado la marca ficticia de Fogg. Ambas convirtieron la ficción en realidad.
En su pasión periodística, Bly fue capaz de vivir como supuesta interna en un psiquiátrico de la época para, al salir, escribir un artículo de denuncia que hizo cambiar las normas en ese tipo de instituciones. Además, fue corresponsal en la Primera Guerra Mundial en el frente Este y cubrió con sus artículos la mayor parte del movimiento sufragista en su país.
Bisland se decantó más hacia la literatura.
Curiosamente, ambas periodistas están enterradas en el mismo cementerio de Nueva York.
Vidas fascinantes que, en mi opinión, deberían ser de obligado conocimiento en colegios e institutos. Como tantas otras que han quedado silenciadas bajo la larga y pesada sombra de los hombres.

domingo, 25 de marzo de 2018


Nunca me gustó Harry Potter y no me gustará jamás. No me lo creo, me resulta una versión infantiloide del Mundodisco de Prachet con elementos mal copiados de Tolkien y C.S. Lewis. De hecho, cuando me tropiezo con alguna de las películas en televisión siento vergüenza ajena ante el ridículo que cometen con alevosía todos sus personajes.
Sin embargo, es importantísimo que exista Harry Potter.
Cuando estoy haciendo los turnos de patio en los recreos siempre me encuentro con algún niño o niña que aprovecha esos pocos minutos para leer. Cuando les pregunto qué leen, casi siempre me contestan que Harry Potter y me enseñan con orgullo la portada del libro.
Tendríais que ver la cara de felicidad con la que me lo dicen, tendríais que ver su concentración en la lectura, sus ojos grandes y brillantes devorando palabras con avidez.
Mi agradecimiento eterno a J.K. Rowling por escribir esta obra, causante de adictos a la lectura. Gracias a ella (y por supuesto a otros autoras, como María Frisa, Elvira Lindo o Laura Gallego), los demás escritores podemos seguir escribiendo.

domingo, 18 de marzo de 2018


Os acordaréis de la polémica surgida a raíz de unas de las acepciones que admite la RAE de “fácil”, refiriéndose a mujer fácil, que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales. Pues bien, eso ya ha cambiado. Y todo se debe a la iniciativa de una alumna de primero de bachillerato de un instituto de Tenerife, que entendió que esa acepción era discriminatoria hacia la mujer. ¿Quién dice que la juventud está perdida?
La alumna, estudiante del IES Manuel González Pérez, acordó con sus compañeros reclamar a la RAE, no la retirada de la acepción, sino que cambiara mujer por persona, aludiendo así a los dos sexos. Así de simple, así de grande.
Acompañaron su petición con un video que ellos mismos editaron y que empezaba con cada uno de los varones de la clase diciendo “si ella es fácil, yo también”.
Claro que es posible cambiar el mundo. Todo es ponerse.
Ellos lo consiguieron. La RAE ha admitido el cambio.